Flamenca Stone http://flamencastone.com Mon, 23 May 2016 06:27:37 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.5.16 Psicópatas en el paraíso http://flamencastone.com/psicopatas-en-el-paraiso/ http://flamencastone.com/psicopatas-en-el-paraiso/#respond Mon, 23 May 2016 06:27:37 +0000 http://flamencastone.com/?p=2154 Isabelle Huppert (Michelle en la película pero, bah, a quién le importa) es una directiva en una compañía de videojuegos francesa (¿es Ubisoft? ¿Tal vez Dontnod?). No llevamos ni diez minutos de película y ya nos plantan la cinemática de una tentacular violación por parte de un monstruo a una doncella, que analizan los desarrolladores en el briefing. Huppert lo suelta así: “el sentido orgásmico de esta chica es demasiado tímido. Necesitamos más brutalidad”. Es la primera puya, la de la falsa agresividad con que se revisten las imágenes del ocio contemporáneo, dentro de una película que ataca a todos y a todo. Un Paul Verhoeven en estado puro que apetecía ver y que no ha defraudado en absoluto.

O al menos a nivel conceptual. Maestro de la violencia, le llaman algunos. Explorador de las ansiedades subcutáneas de la sociedad, otros. Verhoeven cuenta que nunca se ocupa del trabajo de escritura en un primer momento, que necesita dejárselo a guionistas profesionales para, después, hacer la historia suya tras la cámara. Y mucho del director de Starship Troopers o Instinto Básico hay en esta reflexiva pero irreverente adaptación fílmica de la novela de Philippe Djian, una colección de puntos de fuga narrativos que revolverá a los esencialistas de la corrección política (ese anticlimático final) y también, de paso, a sus conservadores contrarios (esa referencia envenenada a Simone de Beauvoir).

Porque en esta loca Elle, con esta descarada ejecutiva Huppert con la vejez ya oteando en el horizonte, el director ha logrado hacer una alegoría con su situación como director, y también una firme defensa de su forma de ver la vida, a saber: el mundo hace de los inteligentes unos psicópatas desconectados de lo real, y la única forma de afrontar el mundo es desde el eros y el tánatos. Desde el cine como arma social que te permite trasladar tu pulsión homicida a enérgicas ficciones, cosa que entenderían también así Roman Polanski o Brian de Palma. Ese séptimo arte que, a día de hoy, ha perdido todo rastro punk en sus genes, víctima del puritanismo de ciertas sensibilidades o, simplemente, por los nuevos gustos de los creadores (el director comenta que ya no le interesa Hollywood por esto mismo, por haberse olvidado de los gustos de la gente normal). Uno de los temas recurrentes de Elle es la simbología católica, para mofarse de ella, y no es en absoluto casualidad: el holandés ha orquestado su contrarréplica religiosa al decálogo cristiano. Frente a crucifijos, tijeras y hachas. Contra la iconografía de la Natividad, asesinos múltiples en el pasado familiar.

Es mejor no saber muchos detalles de esta (en apariencia) historia de un rape and revenge en el que Michelle irá reuniendo pistas sobre quién ha sido su agresor para darle su merecido por todo lo alto. Basta con saber que los chistes malos, el cargado cinismo de esta divertidísima dama negra, mantendrán nuestros ojos bien abiertos durante toda la función (“importa la estructura y la forma de enseñar los detalles. Elle es un híbrido, como yo”, cuenta el director). Eso y que, como hábil trabajo sobre la ansiedad de la muerte, tendrá al diablo escondido en la ambigüedad de sus imágenes. Huppert no es una víctima porque, al menos según Verhoeven, las víctimas no existen. Un escándalo moral.

Forushande the salesman

Y cómo le ha perjudicado al iraní Asghar Farhadi presentar película en esta extinta 69ª edición de Cannes en la misma jornada que lo ha hecho Verhoeven. Es mala suerte porque le cuesta ya a las menguantes audiencias cannoises entrar en propuestas tan serias, tan solemnes, que no por serlo son peores.

Al contrario, el director de la oscarizada Nader y Simin, una separación, se redime un poco de sus menores resultados en El Pasado, su anterior obra. Curiosamente, Farhadi también usa como detonante narrativo la agresión sexual a una mujer, pero el ángulo no podía ser más distinto, para empezar, porque el cineasta persa no hará de la mujer su protagonista. The Salesman es una metaadaptación de Muerte de un Viajante de Arthur Miller, revistiendo su conocida fórmula con una nueva capa de tragedia aristotélica. Acomodando su historia a la idiosincrasia cultural iraní, por supuesto, cargando las tintas en el pudor físico y en la escasa libertad sexual de la mujer.

Después de que ataquen a su esposa, Emad necesita encontrar al agresor y hacerle pagar, adentrándose más y más en el túnel de la venganza. Ella, sin embargo, no quiere ni oír hablar de la policía. No quiere contárselo a nadie para no rememorar el trauma o pasar por interrogatorios incriminatorios (“si no quieres que te violen, no dejes la puerta de tu casa abierta”, teme que le digan). El día a día de esta desgracia se conjuga entre el trabajo de investigación del responsable del delito, la búsqueda de un nuevo hogar y los ensayos de la representación teatral de la citada obra de Miller, en la que ambos trabajan.

De esos trasvases de responsabilidad y culpabilidad cotidianas irá manando la verdad, desembrollándose la madeja de esta historia. La asunción de que es imposible que haya un final satisfactorio para nadie. Farhadi, amante del teatro, con gran tradición en su país, se luce en los diálogos, tan maduros y preñados de connotaciones como lo eran los de sus anteriores películas. El cineasta defiende en The Salesman una película universal sobre los modos en que se detona la corrupción humana tan sólida como cobarde. Un maximalismo del cine de autor presentado en el festival insignia del cine de autor.

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Gifs, memes, vines: momentos de Internet en 2015 http://flamencastone.com/gifs-memes-vines-momentos-de-internet-en-2015/ http://flamencastone.com/gifs-memes-vines-momentos-de-internet-en-2015/#comments Thu, 31 Dec 2015 10:45:29 +0000 http://flamencastone.com/?p=2041 B41ezDTIUAAHiTn

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Flamenca Touch: Top sonidos 2015 http://flamencastone.com/flamenca-touch-top-sonidos-2015/ http://flamencastone.com/flamenca-touch-top-sonidos-2015/#respond Thu, 31 Dec 2015 01:34:03 +0000 http://flamencastone.com/?p=2102 ¿Llegas de nuevo este año? Bien. Como ya expliqué en la edición anterior, esto va más de la experiencia personal que del rigor crítico. Que nos tira lo que nos tira y que no hay nada más aburrido que el blog impersonal. Pero se da una paradoja con respecto a 2014: nuestros favoritos son bastante consensuados con los de buena parte del público afín. Pero el producto final es el que cuenta, y si Grimes, Jamie XX o Björk son quienes más nos han tocado la fibra, no íbamos a hacerles de menos. Aún así algún hallazgo encontraréis, acompañados de hooliganescos comentarios que son todo ganas de que compartáis con nosotros vuestro entusiasmo. Bueno.

Top Discos:

Art Angels (Grimes, 2015)

Porque sí. Porque la saturación de capas, un desprecio a la construcción progresiva y un reducido interés por filtrar esos sonidos emocionantes pero baratos es lo que el pop que más nos represente debería llevar con orgullo. Porque no hay por qué esconder las influencias caleidoscópicas y artificiales de nuestra cultura ídem. Y sobre todo, porque esa agresividad cute es lo que mejor puede definir nuestra experiencia a la hora de buscar sonidos pegadizos en esa parte del mainstream del que acá se dialoga. Lo tienes en Venus Fly, la canción que hace a medias Claire Boucher con Janelle Monae y que podría haberle robado el puesto de himno veraniego a Lean On de haberse escuchado antes. También, por supuesto, en Kill V Main, una de las canciones más energizantes de los últimos tiempos. Y en general, en un álbum de melodías que para la crítica ha sido visto como el perfecto disco pop de probeta y que para mí se convierte en un fichero de temas que irán fluctuando su apreciación en cada uno de nosotros dependiendo del momento en el que los escuchemos (sí, hasta la acaramelada Easily es defendible). Grimes demuestra que no tiene ningún miedo de desprenderse de su trance y ponerse ordinaria porque de lo que se trataba aquí es de ampliar el registro a un Yo extrovertido tan preñado de identidades como, lógicamente irregularidades. Tal vez una única constante: una feminidad soberana.

In Colour (Jamie XX, 2015)

¿Qué decir del disco que más he escuchado en 2015 según datos de Spotify? La discoteca imaginaria, las chicas lastimeras y la promesa final de un futuro mejor. Desde darle un poquito de vida y bajo a una canción de The XX como es SeeSaw hasta la declaración de amor más genuina (posiblemente a la pista de baile) que es Girl. Sí, ya sabemos, un tsunami de nostalgia que nos precipita contra la orilla de la música británica de tiempos pretéritos. Lo que quieras. Jamie XX es un melancólico superclase que echa de menos un mundo que conoce sólo de oídas, de archivos viejos encontrados en la tele o en Internet y de los que sólo son ciertas líneas y fragmentos las que al final le interesan, y eso conecta perfectamente con la forma de relacionarnos con la cultura de buena parte de los jóvenes. Smith sabe también que hoy en día las cosas no pueden ser como antes y de ahí el frío y el calor de este disco que ravearemos los millenials desde el escritorio. Ah, y los que dicen que Smith no sabe crear nada original bueno sino sólo re-construir con piezas que ya estaban en el tablero… es que igual aún no se han enterado de qué va la cosa.

Garden of Delete (Oneohtrix Point Never, 2015)

La irrupción del último minuto y, de nuevo, lo que tiene ponerle un ritmo y voz a tus canciones (y densidad, y un poquito de narrativa para que los demás podamos empatizar). Un artista que me venía continuamente recomendado y que siempre se me hacía demasiado difuso (por no decir aburrido) se ha marcado un encaje de texturas que es puro gas de la risa y que sólo habría podido mejorarse si la mismísima Hatsune Miku fuese la cantante oficial del tema Sticky Drama. Junto con Holly Herndon, el único artista que me da esperanzas en que esto del vaporwave se convierta en una vertiente musical interesante. Y que viva la zapatilla rusa.

Vulnicura (Björk, 2015)

Y mientras en el caso anterior defendíamos como algo positivo salirse de la abstracción, algo tiene el particularísimo e insondable universo de Björk que hace que su ethos nos emocione. No vamos a descubrirle a la islandesa a nadie a estas alturas, ni tampoco que es su mejor disco en mucho tiempo. Pero la diva de la vanguardia ha vuelto y hemos de rendirle la misma veneración que pide desde sus letras y que le ha rendido Arca en el acompañamiento instrumental del disco. Esa voz y coro de violines que fluyen en un discurrir primero impredecible y luego completamente lógico. Esas salidas de tono que no lo son. El abismo está ahí, a un tropiezo, y la orquesta te anima a que te hundas. Black Lake es donde vas a colapsarte. Qué ruptura más estupenda.

Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit (Courtney Barnett, 2015)

Aquí no le damos puntos extra al blues pero sí al garage-rock noventas formuláico pero bien resuelto. Unas letras que se hacen notar, que casi bombardean a esos oídos con poco interés en la lírica. Ayudado, claro, por una voz con una cadencia con la que puedes sentirte representado. Tu Neil Young particular. Esta chica bendecida con la mirada del tigre también tiene el carisma. Cínica, divertida, derrotista. La nueva vecina de Depression Town elige los sujetos de sus versos con la misma habilidad que lo hace un creador de novela gráfica costumbrista. Con las raciones justas de positividad para no rajarnos las venas. Juntarlo todo y hacerlo bonito para un debut que huele a futuro. O por lo menos así lo quieres creer, que ahí está Kim’s Caravan. Pero bueno, tampoco te hagas demasiadas ilusiones. Alégrate pero flojito.

Chemicals (The Shoes, 2015)

El dúo más conocido por ser los del videoclip aquel en el que Jake Gyllehaal hace de psicópata enfebrecido hacen para su tercer álbum que eso del electro-rock quede más difuso que nunca. Tras las malas críticas de Crack My Bones Guillaume Brière y Benjamin Lebeau se ponen las pilas y se decantan más por el lo electrónico, territorio donde ofrecen la misma (escasa) inventiva que en la música de guitarras pero en el que saben jugar mejor sus cartas. Como Jamie XX, The Shoes también reacondicionan a su esencia los tropos de cada género cazado (entre ellos hip-hop, EDM, jazz o shoegaze), acomodándolos a un sonido con texturas muy actuales para llevarlos a algo que va más allá del retro. Una interpretación personal muy radio-friendly  de la música que les marcó para crear un catálogo de muestras de lo que podrían hacer de elegir cada camino. Si amas la variedad y el temazopor encima del concepto, te gustarán. Agresivo, in your face, Chemicals deja claro que aún no lo han logrado, pero que hay que tenerles presentes. Excusándote en la borrachera, o más bien cuando no te vea nadie, pero está claro que vas a bailar.

Mejor EP:

The New International Sound Part. II (GENER8ION + M.I.A. 2015)

Por supuesto que M3LL155X de FKA Twigs es el mejor EP de esta temporada (de hecho, nos encanta que se haya vuelto más masticable), pero qué sería de este blog si no diésemos espacio a esas otras cosas importantes. Surkin, el productor francés detrás de GENER8ION, ya había explicitado todo lo que puede dar de sí el stadium nostálgico, mirando para esa USA (país y álbum) donde el Chicago house y el Miami Bass pastaban a sus anchas. Cientos de sampleos old school combinados por otro EdBanger más que se queda a las puertas de imitar con precisión a Daft Punk por pisar demasiado el pedal de la stamina. Cuatro años han pasado del prisma de USA, y tras la espera (en fin, Advanced Entertainment System no fue todo lo que podía ser) nos hace un combinado de NES, Final Fantasy, el grito de guerra shaolin… y todo lo que importa. Ah, y también está M.I.A. por supuesto (además con su mejor videoclip de este año, mil veces mejor que Borders). Ellos siguen en el trallazo dignificado por el french touch, que sigue mutando aunque todo el mundo ya se haya olvidado de qué era aquella cosa.

Mejores Descubrimientos:

20syl

¿Quién es 20syl, supuestamente una cuarta parte de C2C? ¿Por qué está asociado a tantos artistas interesantes como King Krule o Oddisee? ¿Por qué todo lo que hay disponible de él por ahí suena tan bien y tiene toda la pinta de acabar en al menos un par de spots publicitarios para 2016? ¿Qué futuro le deparará a este misterioso productor que según Wikipedia lleva dando vueltas desde el 96? Ah, preguntas.

Gladys Palmera

Esplendor máximo haber descubierto a Gladys Palmera. Quien nos gusta, entre otras cosas, por lo acertadísimo de su nombre artístico (la fórmula mote más algo que suene así como tropical nos llama). Pero no, los méritos los tiene la cabeza de Alejandra Fierro. Su cabeza y su trabajo, tan extenso como su viniloteca, de la que farda cada vez que le piden una sesión de fotos (y a ver qué harías tú si tuvieses más de 50.000 piezas). Un puñado de selectores movidos claramente por el amor melómano suben a su web sesiones con una frecuencia que hacen su proyecto totalmente inabarcable. Esto convierte tus esporádicos asaltos a sus programas en streaming como un lujoso viaje a una ignota tienda musical rara a la que se va a bucear. Se goza. Aunque el abanico estilístico es amplísimo, predominan y destacan los sonidos latinoamericanos. Gladys y amigos cubren por eso un hueco del que nadie más (que nosotros sepanos) parecía preocuparse. Son trabajadores y libres. Es mucho más de lo que puede decirse de ti.

Matias Aguayo

Pues ahí está, el de El Sucu Tucu de la banda sonora de Gran Theft Auto, que es mucho más que un one hit wonder. Sonido introspectivo y tropical con mucha percusión, predominio de las voces (música religiosa) y un trasfondo de faux-reggaeton tranquilo y juguetón. ¿Puede haber algo bueno en el techno minimal? Pues no sé, pero hay ganas de verle en directo.

Mejor banda sonora:

Para nosotros Whiplash pertenece al 2014, aunque se haya estrenado este año en nuestro país. La música de Inside Out también nos ha conquistado, pese a su deje constante de música de comprar de Los Sims. Pero este año nos quedamos con It Follows. Tenía todas las claves, claro. Disasterpeace aka Rich Vreeland viene de la banda sonora del videojuego (del Fez, para ser exactos), y experimenta con los sonidos partiendo de esa base, es decir, mucho ordenador. Los habrá a los que les conquiste que Vreeland haya reversionado a Carpenter, cosa que tiene todo el sentido en una película como It Follows. No es nuestro caso. Nos gusta cuando se desvía de esto, se nos hace más fuerte en Pool que en Detroit porque el sinte corrupto está muy bien pero en pequeñas dosis. En fin, que Old Maid es el mejor exponente actual del sonido del fervor paranoide, y que cuando llevas 20 minutos del score casi te dan ganas de hacer voto de castidad. Suponemos que era la idea.

¿Y los videoclips?

No te preocupes. Como ya pusimos por Twitter, hemos confeccionado una lista de reproducción (no hay ningún orden de prioridad en la seleccion, e igual el mejor videoclip es el último de la compilación) para que eches un rato bueno antes de la cena de esta noche. La encuentras pinchando aquí.

Mejores Mixtapes:

Otros discos de este año que nos parecen bien:

Platform – Holly Herndon

DEATH MAGIC – HEALTH

Why Make Sense? – Hot Chip

Deaf Safari – Felix Laband

II – Metz

Goon – Tobias Jesso Jr.

To Pimp a Butterfly – Kendrick Lamar

Multi-Love – Unknown Mortal Orchestra

The Day is My Enemy – The Prodigy

VEGA INTL. Night School – Neon Indian

1983 – Kölsch

Sound & Color – Alabama Shakes

Pale Honey – Pale Honey

Pero espera, aún hay más:

En Flamenca Stone te cuidamos. Luego no cuentes por ahí lo contrario.

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San Sebastián 2015 http://flamencastone.com/san-sebastian-2015/ http://flamencastone.com/san-sebastian-2015/#comments Sat, 26 Sep 2015 11:30:07 +0000 http://flamencastone.com/?p=2019 Pocas cosas buenas tenemos que contar de esta edición del Festival de San Sebastián, en buena medida por tener entre muchas de sus obras más potentes aquellas que nosotros ya habíamos visto en la pasada edición de Cannes. De hecho, antes de seguir, aquí os dejamos las críticas de algunas películas que se pasaron por el Zinemaldia: Chronic, Sicario, El Abrazo de la Serpiente, Our Little Sister, Son of Saul, Mountains May Depart y, por supuesto, The Assassin, que vimos por tercera vez y de la que esperamos subir pronto la entrevista al respecto que le hicimos a Hou Hsiao-hsien. En parte también nuestra desilusión se ha dado por la ausencia de alguna obra formidable, de la necesidad progresiva de toparnos con esa película que parece que no llega y que sobrepasase a todos esos títulos estimables que han poblado todas las secciones del festival pero a los que les falta ese grado de interés para que la recordemos cuando haya pasado tiempo, mirando desde otra perspectiva.

No vamos a entrar a evidenciar la pobreza de la programación (mientras nuestros compañeros sufrían ese gigante gris que parecía ser la Sección Oficial, otro tanto hacíamos nosotros con Nuev@s Director@s, que por sus temas elegidos se ha inclinado a pasar por todos los clichés del relato iniciático hasta quemarlo), a todas esas secciones paralelas que no aportan demasiado o a esas cuestionables cuotas de género. Porque nuestra gran pega es que el SSIFF no nos han dado lo que nosotros deseábamos Kaufman, Sokurov, Larraín o Wheatley (como sí lo hicieron el año pasado Sciamma y Hansen-Løve), ni tampoco ha habido ninguna gran sorpresa entre los directores por descubrir. Pero damos fe de que nuestros compañeros sí han salido contentos con algunos de los trabajos de los autores citados, y también de paso revitalizados con alguna que otra joya oculta que se han encontrado por el camino. Es muy probable que si hubiésemos visto Le Nouveau, Evolution, La Novia o Les Demons otro gallo cantaría en nuestra experiencia en San Sebastián. Hemos tenido mala suerte, y eso no es culpa de nadie.

Losers

Hay en la comedia de slapstick social Losers dos protagonistas principales, y no son los dos jóvenes pardillos que a su manera significan la concatenación de fracasos previos derivados del destino/sistema/introduzca-su-culpable-preferido-aquí. No, sus dos rostros más llamativos son, por un lado, su blanco y negro como fotografía básica. Llegado el momento se da un diálogo entre dos personajes que, mirando al horizonte, hacen ver que todo cuanto les rodea es una ciudad gris que les atrapa no sin unas connotaciones moralistas que más perjudican que benefician a la robustez de esta historia. La otra, ese espacio que enmarca a los ciudadanos de esa ciudad búlgara que más vale que no tenga nombre propio (porque, como hará saber otro personaje, es un continuo corrido de pueblos con las mismas esperanzas, las mismas miserias). Las calles les aplastan, las plazas les atrapan, el horizonte de edificios medio derruidos es el fin de su misma silueta, hasta que en el único momento en que se rompe la fotografía a-colorida la cámara viaja al cielo, mirando a las estrellas y esperando conocer las verdaderas aspiraciones de estos locuelos muchachos.

Es uno de nuestros puntos débiles el de los retratos de esos jóvenes de carisma estético que se esconden en unas referencias pop apropiadas para con su entorno (más si usan como tema recurrente una canción Kitsuné) pero aun así Ivaylo Hristov triunfa en su modestia, que sabe que el tono del sureste europeo (con ese ritmo verbal un par de bpms más quieto que el de territorios más prolíficos) es perfecto para los personajes entrañables, pero que se queda a medio gas por la falta de mayor contundencia en sus números cómicos o algo más de garra en su guión para mostrar estas fracasadas vidas. Esta peli es una loser como lo son los mismos personajes de los que habla: un fracaso que sólo lo es porque no saberse un gran acierto, tal vez porque sus responsables se han creído que sus capacidades eran limitadas, o confiriéndole una importancia que no es tal a la falta de un mayor margen de maniobra.

Barash

Difícilmente Barash entusiasmará a nadie (bueno, menos al parecer a esta gente). La película de Michal Vinik no arriesga en lo formal en ningún momento, y cuenta un clásico coming-of-age centrado en la iniciación sexual e identitaria durante la adolescencia, pero se luce mínimamente por el exotismo propio del territorio en el que se basa. Naama, de clase media, vive en una ciudad tranquila cercana a Tel Aviv, y mientras su hermana tiene que seguir ejerciendo sus obligaciones en la base militar ella y sus amigas del instituto desesperan por conseguir drogas. En los estupefacientes, así como en el amor y la pérdida de conexión con su entorno, introducirá Lili a la protagonista, que vive en un mundo de jóvenes conscientes y desencantados que se esconden en una frivolidad que no se retrata de forma purificadora pero tampoco catastrofista. El justo medio.

Y mientras este es el argumento de base la cotidianeidad israelí va aflorando en los contrastes, sus formas de desarrollar su relación con lo occidental y lo árabe, con que nosotros miramos su vida. Ropas grunge y mochilas estadounidenses contra rigideces en los asuntos de género y de confrontación con sus árabes vecinos. Hay al menos un par de momentos inspirados, la forma de rodar la escena sexual logra una intimidad patosa entrañable, y los gags de tono político en los que se desarrolla la figura patriarcal son notables, pero por la indefinición con que va desarrollando la historia, cuando nos percatamos que no eran los hechos que sucedían una concatenación de fichas de dominó rumbo a un explosivo plato fuerte sino simple divagación, hacen de Barash una obra que no logra refrescar lo agotado de la fórmula escogida.

Me, Earl and the Dying Girl

Parece siempre difícil que emerjan brotes verdes del quemadísimo campo de la comedia adolescente adobada con aderezo sabor a Sundance, y de hecho en todas esas ocasiones en las que su director cae en el juego multirreferencial (esas insoportables películas suecadas) se nos apaga la fe. Pero entonces entran a escena nuevas emotividades que enmarcan las relaciones interpersonales de los jóvenes, algunos momentos cómicos de suficiente personalidad y de paso un juego estructural que nos permite observar esta agridulce historia de duelo y medrado personal sin el libro de respuestas con que normalmente vienen acompañadas estas obras. Un Love Story para jóvenes escépticos, autoindulgente e hiperverbal, muy bien actualizado. Una historia de cáncer estupenda.

Pero no termina de convencernos la que parece que ha sido la adaptación de un Alfonso Gomez-Rejon (que ya había trabajado como camarógrafo con Scorsese e Iñárritu) que buscaba graduarse en la dirección exportable (planos de expresividad llamativa y facilona, imbricados ángulos de cámara que realmente no atienden a nada), una obra que por sí misma nace destinada a ser olvidada. Termina de darnos la puntilla esa cosa de la que hablábamos al principio, ese valerse de los significantes ajenos para darle empaque y profundidad, sustentarse en los referentes  japoneses y europeos para decir nosequé. A las claras: el cuento de la niña con leucemia es la de otra manic pixie dream girl, otro punto de construcción argumental para que su egocéntrico protagonista salga fortalecido de esta historia que siempre fue suya. El problema viene cuando es de esas películas amateur de las que se nutre para demostrar su valía, y cuando debe hacerle la obra definitiva a su moribunda amiga la elección será una abstracción stop-motion que copia a Stan Brakhage para demostrar su crecimiento como artista y de manera secundaria su amor a Rachel. Escena de pequeño horror existencial involuntario que se atenúa por la emotiva melodía de Brian Eno que hace que se dirijan nuestros sentimientos, y ahí funciona a la manera más tópica del indie americano. Una película ligera que, dado el atractivo que despierta en nosotros cada temporada este consentido género, antes o después acabarás viendo. Y oye, si te gustó Las ventajas de ser un marginado, no lo lamentarás del todo.

Ixcanul

Dos imágenes de Ixcanul y la primera en referencia a lo que se vivió durante la proyección. Mientras las protagonistas de este filme, retratadas con una pretendida mirada antropológica, sin estruendos de ningún tipo, muestran a cámara las costumbres místicas de su tierra maya, algunos de los espectadores que asistieron a la misma sesión en la que yo estaba se reían divertidos con lo “exótico” que se estaba retratando. La otra, justo al final de la película, en el coloquio que dio Jayro Bustamante, tras ese final in crescendo dentro de su denuncia de cine social y que desvela sus últimas cartas con tal grado de intensidad que de seguro hubieran sido del gusto de Brillante Mendoza. En ella Bustamante nos cuenta que ha dulcificado ese crudo relato real del que basa esta historia, en parte para no herir más de lo necesario (y en buena medida también para alcanzar unas mejores posibilidades de distribución, todo sea dicho), y aun así la maldad que le acontece a esta fértil María que vive en la falda de un volcán de latente provisión de recursos para los habitantes de la región (y que pisa las serpientes que ponzoñan sus tierras, alerta metáforas) es tan terrible como invisible para los que la sufren, pero de durísimo contraste para las audiencias occidentales.

Porque por encima de su forma de crear una concatenación de escenarios que expresan una nueva cara de estas vidas rurales o de esa serie de estadios con los que el director consigue que vayamos empatizando con ese universo presentado (esa progresiva disminución de risas) lo importante es cocer a fuego lento el costumbrismo para que la violencia sistémica se desate en contados pero fundamentales golpes de efecto que logran los objetivos de esta película y que están alcanzados en buena medida por esos personajes tan bien actuados que consiguen meternos en sus vidas.

Puede que Ixcanul no pretenda hablar demasiado de cine, aunque sí que lo hay, pese a sus evidentes obstáculos (con imágenes poderosísimas como esa mujer haciéndole el amor al bosque o ese plano de unos padres sometidos por la religión negando las evidencias) sino más bien alcanzar a sus espectadores con algo que podría parecer una especie de crónica gonzo, muy literaria pero también muy humanista. Si el cine de denuncia social debería revolver conciencias no hay mejor noticia para esta estimable Ixcanul. ¿La clásica película de festival? Sí, pero es esa una fórmula que se justifica por películas como esta.

El Club

Era una de las grandes promesas que nos venían desde su estreno en la última edición de Berlín, una de la que esperábamos grandes cosas y que, lamentablemente, no ha terminado de llenarnos. El problema es sobre todo nuestro, ya que lo último de Pablo Larraín (el director de Tony Manero y No) es lo que podemos catalogar como una propuesta sólida, y aunque nos hubiese gustado más que en vez de decantarse por la condena se hubiese acercado al estudio de sus personajes, ésta postura probablemente difiera mucho según la cercanía al tema retratado por parte de sus espectadores.

Es tal vez por eso que me cuesta conectar, incluso darle credibilidad a unos personajes que casi con total seguridad (y más por las noticias que nos llegan cada cierto tiempo) están sacados de esa realidad que dice retratar fielmente El Club. Sus curas pederastas, maltratadores y asesinos encubiertos por la propia iglesia católica de la luz pública son astutos en parte, y en otro alto porcentaje unos desviados mentales capaces de justificar sus sádicas conductas con las excusas más escandalosas, con la mayor desfachatez y desconexión con su responsabilidad en unos actos que son expuestos como el mismísimo demonio absoluto.

Y no son sólo esos hábiles profanadores los retratados con sospecha de credibilidad, sino aún más el personaje de Sandokán, esa sociedad chilena a escala que de pura consecuencia de los actos de los curas es repugnante, irredimible, auto-flagelante y deshecho humano, denunciando a los cuatro vientos una relación de amor/odio con ese curita que le daba el semen del niño Dios de la que será incapaz de liberarse. En ese sentido, el director trasandino vuelve a señalar con dedo acusador las (para él) raíces de las contradicciones al respecto de un tema de una forma tan sencilla que llegan con facilidad, pero cuesta creerse si ese tono humorístico, casi grotesco, no acompañan con una cierta moralidad que le acerca más a su Post Mortem que a su No.

Más allá de las cuestiones políticas, la cinta enuncia su mensaje aunando trama con decisiones técnicas, y es grata tanta la precisión lumínica y el lugar a medio camino del purgatorio y la cuarentena con que el cura renovador llega a esa casa, apuntando cual sujeto analista a sus diablos, que, al menos a mí, me parecieron que estaban mejor o peor enfocados con su lente (también creí ver un juego con la profundidad de campo) según lo que nos contaban se acercaba más o no a lo que Larraín considera que es la verdad. Momentos para el recuerdo y algunos patinazos en sus posicionamientos, pero ante todo una perspectiva valiosa.

Anomalisa

Iban las expectativas demasiado altas con el último proyecto de Charlie Kaufman, cuya obra previa nos pesa demasiado para lograr acercarnos con indiferencia a lo que el ingeniero de cuartas paredes tuviera a bien presentarnos, cosa que claramente juega en contra de nuestra opinión sobre Anomalisa. Pero así son las cosas, la inmersión del neoyorkino en el universo  stop-motion de la mano de Duke Johnson tiene en su corazón una paradoja insalvable: esta historia sobre la insulsez de la vida y el narcisismo choca de fondo con una obra que es, de hecho, en parte despreciable por lo insulsos de los resultados (esos tiempos muertos de hielos y cigarros en el hotel) y también por el tipo de egoísmo que practica el autor. Dicho de otro modo, en Anomalisa no hay experimentación ni ideas transgresoras, sólo un bosquejo chiquito de cierta destilación del corpus narrativo de Kaufman, mostrando el perfil malo de lo que sabe hacer el director. Solipsismo encontrado.

A quién vamos a engañar. Sabemos que el autor es un misántropo de tomo y lomo e incluso este punto de vista de partida podría dar lugar a relatos interesantes y defendibles, que no somos nosotros quienes digamos que no se puede hacer sarna del apasionado de la música de Kiss FM. El problema es cuando esa disposición se queda en lo más superficial, deslavazando las posibilidades del juego con el medio (de las que sabemos que el talento de Kaufman ha llegado a alcanzar alguna vez) e incluso dispersándose en un relato con una única idea central que, además de simple, tampoco es excepcionalmente original. Cuando vemos a esos personajes de igual rostro, cuando captamos la dinámica de la identidad sonora con la que la película nos retrata las subjetividades basura, hemos alcanzado el punto crítico en cuanto a la energía del filme. Para cuando vemos al señor Kaufman (perdón, Michael) protestarle a la mediocridad del mundo sobre un escenario con su desfile antipatriótico, descubrimos trazas de desesperación, de incluso senilidad intelectual.

Anomalisa sí se marca algunos tantos, sobre todo en algunos puntos del comienzo de la narración donde ese juego con las interacciones verbales con otros que dan lugar a conversaciones disparatadas, un jazz de besugos (casi pareciesen glitches en diálogos de videojuegos) muy grato. También la escena sexual de la película confronta la mirada de un espectador que ni está preparado para unos tiempos de vista tan largos ni para unos personajes tan repugnantes (y por ello mismo, es una escena tremendamente humana y, a su manera, bella). Pero son hechos aislados de un total que, sin ser deplorable, nos sabe a poco. El amor no podía salvar a Charlie Kaufman, pero sorprende que, en vista del poco esfuerzo que hace por nutrirlo, su ausencia sea algo que le pese. Buscábamos al genio megalómano, y nos quedó el ombliguista.

High Rise

Hay en High Rise un punto de partida interesantísimo, con muchas posibilidades de desplegar ese universo preñado de grandes ideas y avances de trama derrapantes que parece (tampoco la hemos leído, así que no podemos confirmarlo) ser ese Rascacielos que Ballard quiso mostrarnos en su novela en los años 70. Ben Wheatley se copia del trasfondo y escenario de la novela, así como de una enajenada estética (que no por videoclipera debería ser despreciado) por la directora de fotografía, Laurie Rose. Y sin embargo, frente a la batería de barroquismos y estímulos rítmicos y visuales que harán las delicias de los aficionados al Sorrentino más desbordante (y molestarán, obviamente, a los más reacios con el cine del italiano director) tenemos una sensación de devenimiento que se agota, que esta historia sobre una civilización que se ahoga en su propia hibris sufre aquello mismo que intenta denunciar.

Porque da la impresión de que Wheatley ha tomado un trabajo de dimensiones colosales que en algún momento ha logrado desbordarle (apuntamos como posible catalizador el de la traslación del guión original al técnico), consiguiendo que su puesta en escena reitere en lo que ya ha explicitado y se quede sin afianzar los puntos más débiles de su relato, tanto en su vertiente narrativa como en su argumento anticapitalista. En definitiva, que el exceso como idea funciona a dos velocidades (la anarquía estilística contra un guión caótico, enrarecido) que no llegan a sincoparse, y crearán unas estridencias sensoriales que, gusten más o menos, se reconocen como un pequeño fracaso en cuanto a desarrollo de la propuesta. Wheatley haciendo sin querer en esta denuncia vertical sobre la lucha de clases que su propio ascensor esté, a su vez, también estropeado.

Pero una cosa hay que admitirle a High Rise: ha sido durante este festival la película más imaginativa de las que yo haya visto. La que mayores conversaciones ha suscitado, con tal cantidad de estímulos que la convierten en el ejercicio más interesante de ver y analizar (mención especial para el uso de la banda sonora, con Clint Mansell de maestro de ceremonias y con una versión del SOS de Abba a cargo de Portishead). Porque dará que hablar, como así nos ha pasado a los compañeros, que cada cual ha querido ver en esos veloces puntos de enganche, en esa concatenación de hechos fugaces que se influyen entre sí diferentes interpretaciones y diferente profundidad de calado en su mensaje. Es esa mezcla de tartas que se reparten entre los personajes, sin que nos demos cuenta de que lo han hecho y lo que eso simboliza, para luego mostrarte literalmente burbujas que estallan como metáfora demasiado evidente como conclusión de la película. La idea de una cajera que aprende francés, frente a unas mujeres histéricas espetando gritos de guerra contra el patriarcado. Imágenes como las descritas que se yuxtaponen en un montaje que es un continuo zigzaguear entre el simpático acierto y la polémica facilona. Una bomba arrojada contra los cimientos nuestros edificios. Desactivada.

The Show of Shows

No hay mucho que pueda decirse sobre The Show of Shows. Tampoco son muchas las ideas que pueda transmitir este documental que se vale del found footage de circos antiguos ensalzado por una soberbia score instrumental a cargo de Sigur Ros y Hilmar Örn Hilmarsson, que a modo de obra de variedades va lanzando canción más número cirquense como complaciente y entrañable ejercicio voyeurístico para sus deshabituados espectadores (Torture, The Eternal Feminine, Breakfast with the Himalayas son algunos títulos de estas canciones). Pero es tal vez de eso de lo que va esta obra, de que, por mucho que pretendamos excusar nuestros ratos de ocio con disfraces cerebrales la cabra tira al monte. Nuestros GIFs, nuestros videos de fails, nuestros Vines y las risas que echamos con la telerrealidad (cualquiera de estas cosas casi siempre mucho más asombrosas que la escena más apoteósica del último blockbuster) son una distorsión en las formas para colmar ese mismo tipo de placer, que como a nosotros hoy, le producían a las gentes de finales del XIX comienzos del XX las damas ultra corpóreas, los virtuosos del riesgo, los novios de la muerte. Aunque el choque cultural hace que pensemos en aquello que se golpea contra nuestra perspectiva actual (la explotación infantil y de animales, el descrédito a la seguridad física del personal en los espectáculos) es todo pura cuestión de intensidad, y pocas cosas nos van a resultar más mágicas que los monos a lomos de un caballo o los canguros boxeadores. Que los bebés lanzados al aire con una sola mano por padres funambulistas que caminan entre rascacielos.

Un flashback vital que firma Benedikt Erlingsson en forma de documental para la serie Storyville de la BBC4 cargando de amor y de dignidad el recuerdo de sus protagonistas, que lo son tanto sus artífices como sus espectadores, todos ellos parte indispensable del mundo del entretenimiento. Nos queda una sola duda: la falta de inclusión de los freaks deformes entre todos esos otros números presentados, ya que no tienen remilgos para mostrar lo más loco o conflictivo de aquellos años. Ecos lejanos de un mundo vivo.

Y para terminar:

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The Assassin (Nie Yinniang): la otra lucha http://flamencastone.com/the-assassin-nie-yinniang-la-otra-lucha/ http://flamencastone.com/the-assassin-nie-yinniang-la-otra-lucha/#respond Tue, 08 Sep 2015 19:57:24 +0000 http://flamencastone.com/?p=2006 Hay una bellísima escena en Three Times que, pese a no ser nada que no acostumbre a hacer el director con su particular dirección cinematográfica, no se desprende de mi memoria. Estamos en el primero de los tres relatos de la película. Los enamorados, a punto de re-unirse tras una temprana separación, juegan a la seducción en una burbuja de intimidad de la que somos testigos en dos de esos larguísimos planos sostenidos de Hou. El uso de la cámara se mueve entre dos conceptos, entre lo que se definiría como tableaux vivants y la observación antropológica, y mientras primero vemos cómo la chica juega ajena a lo que está a punto de pasarle, después vemos cómo ambos interactúan con el entorno externo y también el interno. La cámara está lejos, y se balancea con un ritmo que resulta muy humano para encuadrar mejor, desde su posición y siempre desde el respeto, los sucesos relevantes de la escena que tiene que ver con esa burbuja de la pareja. Y mientras la cámara se va decidiendo por hacer zooms o alejarse al compás de lo que los amantes están generando con sus cuerpos, pasan por delante figuras borrosas que a veces nos evitan ver ciertos detalles “relevantes” de esa escena que, no olvidemos, está vista de manera antropológica. Son justamente esos pequeños ciegos visuales, esas faltas de información, las que no hacen sino revestir de mayor veracidad un cuento de amor que, si has vivido en tu propia experiencia, reconocerás con este tipo de filmación es tan exacto como la propia realidad. Todo esto es, tal vez, la quintaesencia de la técnica de Hou, un tipo de inteligencia que aplica a muchas de sus películas, de los diversos períodos de su estilo y en momentos que hablan de muy diversos temas. Esto ocurre en Le Ballon Rouge, en City of Sadness, y en A Summer at Grandpa’s. Y también a su manera en The Assassin.

Una vez más la cámara de Hou vuelve a participar de esos procesos de traslación de los sentimientos. De su doble trabajo de, primero, empaparse de los fundamentos reales de su sujeto de estudio (bien sea este un género cinematográfico, unos sucesos históricos o el clima de una época y sus valores) y segundo, de traducir con su técnica de “tomas densas”  una empatía espectatorial que alcance al núcleo de lo que pretende re-crear. En el caso que nos ocupa, The Assassin, falsificando desde su propia óptica un período de la historia china que, según ha contado el director, pertenece a su universo particular por ser el de los más bellos cuentos que leía de pequeño: la literatura wuxia (parece ser que especialmente del período de la dinastía Tang chuanqi), todo un mundo lleno de color, donde los personajes representan ideales, con un gran número de mujeres relevantes y contando unas historias cuyo costumbrismo ocupaba el centro de la narración, dejando para los momentos puntuales las luchas físicas. Es decir, algo que ya clamaba formar parte de su filmografía. No nos sorprende en absoluto que el director haya anunciado llevar 25 años con esta historia rondándole la cabeza. Al final la travesía para llevarlo a la gran pantalla sólo le ha llevado 8.

Hemos descrito esa escena de Three Times, película que, por cierto, resuena aquí por ser una cuyos dos protagonistas, esos que analizaban las formas de amar según períodos, están interpretados aquí por los mismos actores. Para los personajes de Shu Qi y Chang Chen ya no se trata de un tango de amor, sino de desamor, y de cómo manejar las emociones cuando el otro es tu antagonista. Pero volviendo con el tema: es en esa escena antropológica y obnubilada de Three Times donde nos hemos detenido para evidenciar que el director siempre apuesta por el realismo. “Estoy a favor del realismo en las películas y en contra de teatralizar la acción. Odio explicar las películas, especialmente su vertiente psicológica, y prefiero que sean los espectadores los que vuelquen sus propias ideas en mi cine”. Esto dice el director al respecto de su poética realista que fue más cruda en sus primeras películas (fue a partir de Flores de Shanghai que empezó a repensar los géneros), pero que mantiene ese trío de planos largos, encuadre distanciado y ritmo elíptico, luchando (voluntariamente o no) contra las convenciones cinematográficas sobre el tiempo y el espacio, en absolutamente todos sus filmes.

¿Cómo logra trasmitir ese realismo que se torna en mirada humanizante? Gracias a una caligrafía fílmica que se permite ocultar en el plano la acción principal, manteniendo diversos focos a través de los cuales decide el espectador en parte (y en parte Hou con sus pistas visuales) qué prefiere primar. Esto, lejos de ser un accidente, está confirmado por Hou (“Siempre me ha gustado la acción que se esconde a sí misma, o mejor, una acción que revela a otra”), pero el estilo no le es único. Son muchos los cineastas que han empleado una técnica de focalizar el interés visual en diversas zonas de la pantalla. Ese campo abierto es propio de un minimalismo asiático que, como vemos en el Platform de Jia Zhangke, o en el Brighter Summer Day de Edward Yang, explotó en los ochenta y al alcanzar su técnica una consolidación y moderación a partir de los 2000 se ha ido contagiando a cinematografías a lo largo y ancho del mundo. Pero si tenemos que hablar de lo exclusivo, mi sensación es que los encuadres realizados por otros directores están más claramente segmentados, como con una planificación más manifiesta que deriva en una sensación de artificio mayor que en los mejores momentos Hou, que, sin que dejen de serlo, respiran una vitalidad, una improvisación que en ocasiones resulta ser cierta (o al menos esto es lo que extraigo de ver que así es como ha trabajado con los actores en The Assassin, dejando que los extras se moviesen sin rigideces e incluso parasen a comer cuando a ellos les viniese en gana).

The Assassin es, por supuesto, otra gema engarzada a su collar de realismo que infiere empatía, haciendo avanzar su estética mediante esas mismas caricias observacionales a las que nos tiene acostumbrados (en un entorno, por cierto, más abiertamente romántico). Pero Hou añade aquí un nuevo nivel de abstracción narrativa que no será plato de buen gusto para todos sus espectadores. Como muchos ya sabrán, la película tenía en origen un amplísimo metraje (si mis cálculos son correctos, tres días y medio) del que luego, a modo de hipercondensación, Hou crearía un todo aún-más-minimalista que transformaría esos años de rodaje-acumulación, asimilación e impregnación de una cultura (una cultura tal vez no tanto real como imaginada) en una refinada fragancia de esencias de dos horas que, siendo sinceros, es difícil de asimilar en un único visionado. Abrumadora, vertiginosa, The Assassin es la película más bella sin lugar a dudas de este año.

Hou Hsiao-Hsien se pasa a las artes marciales, no a las películas de combate de King Hu o Chang Cheh, no desde luego a películas basadas en la pirotecnia coreografiada de obras como Crouching Tiger, Hidden Dragon de Ang Lee o al Hero de Zhang Yimou, sino a ese género de figuras solitarias que representan a ideales o conceptos más grandes que ellos mismos y cuyas acrobacias se ejecutan más en la mente que en el escenario. Donde el movimiento de cada persona es un discurso en sí mismo y donde las cortinas, velos, brumas, velas y otros adornos etéreos que representan la ornamentación más bella del período introducen un punto de interés sobrenatural que casi obnubila esas rígidas convenciones puramente formales del género que ocurren, por lo que dicen, más en la literatura de aquellos tiempos que en las películas.

Creo que con Hou Hsiao-hsien es infinitamente más importante experimentar sus películas en un primer momento y luego ya entenderlas, discernir sólo en segunda instancia unos discursos políticos o filosóficos que en ocasiones aparecen más claros que en otras. The Assassin es una obra cuyo título ya nos da ciertas pistas, tanto por tratarse de sus rúbricas (esas alusiones al “bluebird”, que a nosotros se nos escapan) unas que según dicen aquí significa “mujer que estuvo tres años escondida”, como por ser esta una aventura en la que no muere nadie. Pero antes de alcanzar este nivel de comprensión, somos testigos de una experiencia sensorial donde esta China de paisajes interiores y exteriores increíbles y esos objetos cotidianos se relacionan unos con otros en un juego que hace que miremos el mundo con ojos vírgenes. Tanto los aspectos naturales como los de segunda naturaleza de esta China en brumas cromáticas dan pie a pensar en un universo primigenio, casi sagrado en el que la fotografía de Mark Lee Ping Bing (compañero de Hou también en Millennium Mambo) da fuerza a lo que esta asesina nos está permitiendo testimoniar.

Porque sí, su luchadora es el mayor agente de acción de la película, y que en su constante observación de los acontecimientos (está siempre observando, hasta tal punto que a veces, cuando ella no aparece en pantalla, tienes la sensación por los movimientos de la cámara de que las escenas que estás viendo son bajo sus propios ojos, aunque no necesariamente sea así) y mínimas interacciones con el entorno, logra dialogar con las rígidas estructuras chinas que se evocan en un mar de rituales, costumbres y conductas sociales programadas a las que su poder de asesina letal parece desafiar con inteligencia, sin perder el respeto ni las formas. Nie Yinniang es víctima y verdugo, un eslabón más de un mundo que les ha llevado hasta el límite moral, pero que con toda la honorabilidad de la que es capaz de moverse en ese terreno imposible en el que se encuentra, decide actuar con toda la responsabilidad que se puede esperar de quien nunca tuvo un verdadero albedrío procedimental. De nuevo, individuos que son más ideas que sujetos en sí mismos.

Pistas para comprender sus posibles pretensiones dialécticas son, obviamente, los formatos narrativos. Un prólogo en blanco y negro en 4:3 (un arranque de cinematografía canónica, a lo Kurosawa, que habla de lo que se nos negará después) irá dando paso a esa historia triangular en la que la identidad, la guerra y la resistencia (la renuncia a la venganza) son las sílabas con las que se escribirá este palimpsesto sobre la decadente China del siglo IX. Después, la amplitud panorámica, la saturación de colores, el fuera de campo y las elipsis, elemento este último que no tenemos del todo claro si es algo intencionado o un (d)efecto secundario. A fin de cuentas, podemos pensar que no es una solución del todo elegante la de incluir esos rótulos iniciales en los que se contextualiza el tiempo en el que está teniendo lugar la película. Unos rótulos que, por cierto, no ayudan en absoluto a la comprensión del filme, al menos a los presentes que estábamos en Cannes, pues es difícil seguir lo que estaba pasando, y que incluso se tuvieron que expandir en una sinopsis que venía en el press book con el que nos premiaron a los asistentes del festival. Hou nunca pretenderá hablarle a los espectadores haciendo concesiones como las del cine normativo, pero tampoco es alguien especialmente preocupado por la concreción de los hechos. Dejamos, pues, la inclusión de esos anuncios en el campo de la duda razonable.

Pero como hemos dicho, esta película invita mucho más a la reflexión y al ejercicio exegético individual, a su experimentación personal que a la comprensión al estilo clásico. Sí: lo mejor de esta película es ver cómo te habla cada una de sus escenas. Son pequeños detalles, de los que destacarán para cada uno de sus espectadores antes unas imágenes que otras. Como para mí lo hizo ese falso plano-contraplano de la Asesina hablando con una asistente en un diálogo que más que eso parece un recital de oblicuidad poética. La asesina recibe de esta otra mujer el jade que le recuerda la relación que tuvo con su antiguo amor al tiempo que recibe las instrucciones de lo que ha ido pasando en el reino. Las notas de voz, que fluyen en un chino al que la audiencia no estará acostumbrado, está tan cargado de sonoridad que es difícil prestarle atención al propio mensaje, y sólo nos arrastra al mismo estado emocional que evoca su tono: melancólico y existencial. Y dije falso plano-contraplano porque mientras la mujer da su soliloquio no vemos en ningún momento cómo la protagonista recibe estas noticias. Sólo al final podremos volverla a ver, tapándose el rostro con esas manos en las que porta el jade, en lo que ha sido un llanto sordo del que no podíamos ser testigos hasta el final de esa envenenada nana.

Describiré otra escena más, la más importante al menos para mí. La que contiene una belleza sin igual y que personalmente creo que roza el nivel de truco de prestidigitación que te hace creer de nuevo en lo imposible. Es aquella en la que nuestra Yinniang intenta asesinar a su primo. Es una escena que ocurre en el interior del palacio, de noche, en la que la cámara está envuelta entre unos diáfanos velos y un gentil y suave viento que añade un nivel extra de sinuosidad a la profundidad de campo. Y allí, escuchando las confesiones de su primo, vemos cómo la brisa mece las cortinas y columnas del palacio en las que ha arribado tu mirada, hasta que de repente caes en la cuenta de que no eres consciente de dónde estás posando tus ojos para que se materialice la figura de la asesina en mitad del encuadre de esa manera tan mágica. Una figura que, pensé, probablemente no ha aparecido de la nada sino que estaba ahí en todo momento (y que así es: un segundo visionado supo ponerme en guardia ante esa escena en la que ya sí fui capaz de encontrar lo que debía ser buscado). Pero ese primer visionado, esa primera pequeña catarsis, fue para mi una pequeña vuelta al cine como lugar mítico. De espacio donde vivir lo sorprendente no por la vía de una acumulación de artificios estridentes, sino por una elemental sugestión que, por sencilla, es simplemente genial.

Críticos que como yo han tenido el privilegio de ver esta película han creído desembrollar muchos de los misterios que esta críptica obra cuenta. Está, por supuesto, el análisis de la mirada historicista de Hou, también la de ser un filme que pretende darle nuevos terrenos míticos a una China de nuevos paisajes, y por supuesto, la de ser una reinvención de un género que, no voy a mentir, desconozco casi por completo. Pero nada de esto debería ahuyentar a los espectadores. A ninguno de ellos. Hou, como he intentado explicar al principio de este texto, sabe utilizar la cámara de una manera excepcional, y es con estos increíbles materiales de los que dispone aquí y con su talento que consigue modificar más que nunca nuestra percepción del tiempo y del espacio, tal vez incluso de lo que puede ser la belleza. Sin más elogios que los que merece: The Assassin es una película inagotable y vigorizante, y de la que sólo aquellos incapaces de respetar lo desconocido saldrán sin una transformación en su mirada.

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Mochila de verano II http://flamencastone.com/mochila-de-verano-ii/ http://flamencastone.com/mochila-de-verano-ii/#respond Tue, 11 Aug 2015 09:18:45 +0000 http://flamencastone.com/?p=1960 De acuerdo. Es más tarde que pronto. Aceptamos nuestra parte de culpa, pero seamos positivos: todavía queda casi la mitad del verano, así que no seas así y acepta que, aunque ya hayamos gastado nuestro período vacacional (o quizás precisamente por eso), hay tiempo de sobra para enfrentarnos a todas estas propuestas estivales de las que, casi seguro, alguna te convencerá.

The Look of Silence: aunque no soy la mayor de las defensoras de The Act of Killing, creo que Oppenheimer sabe filmar con inteligencia, pero también hizo algo mucho más importante que esto: relató desde una óptica bruta y rica, la de los mismos asesinos de guerra, un genocidio del que el resto del mundo (e incluso según se dice la opinión pública del país) no había reflexionado como era debido hasta ahora. La óptica cambia pero sólo para colocarse al otro lado de la cuestión: como muchos ya sabrán, en The Look of Silence seguiremos la vida del hermano de una de aquellas víctimas asesinadas. Si estallará en las caras de los implicados esa presencia insonora pero omnipresente del horror que nos dicen transmite este filme es lo que nos toca comprobar ahora.

we-come-as-friends-poster_webWe Come as Friends: Un director austriaco filma en tierras desérticas a un chico que, caminando hacia su puesto de trabajo, le cuenta en inglés al cámara que los cánticos que están escuchando son los que provienen de la mezquita árabe de la zona. ¿El territorio de filmación? Sudán. Hubert Sauper filma en el territorio soberano más joven del planeta a todos los actores de influencia (e incluso también a algunos autóctonos) mientras diatriban sobre el porvenir de esa que llaman la Nueva Texas. Según cuentan aquí en su crónica los de Cine Divergente, el director filma a los magnates chinos disfrutando en su monitor de escenas de películas de ciencia ficción futurista. ¿Qué otra cosa le pregunta Sauper a uno de ellos en el tráiler?: “¿de qué país venís?”. La explotación que viene de fuera.

Dragon Girls: ¿Viste este último videoclip de MIA? ¿Ese en el que nos ha vuelto a dar otro video con su hiperbólico e inconfundible estilo social (y en el que, por cierto, se revelaba el comeback de Surkin)? Pues bien, el metraje no es suyo. Es un montaje hecho a partir de imágenes del documental Dragon Girls (Drachenmädchen en el original), dirigido por Inigo Westmeier y que narra la historia protagonizada por tres niñas chinas de los más de 25.000 infantes que viven en la escuela de Kung Fu más grande del gigante asiático. Las poéticas escenas nos confrontan con ese mundo de sumisión a unas normas y a una estructura que los aliena hasta casi anular cualquier rasgo identitario propio de cada uno de esos niños-robots. La sinopsis cuenta que esta será una lucha de tres jóvenes por defender unas aspiraciones propias dentro del marco de una guerra de los individuos contra un sistema totalitario. Si las imágenes ya eran poderosas en esos 4 minutos de Generation, cómo lo serán en esa hora y media que dura este documental.

Blind: Otra película que no deberíais dejar escapar es Blind. El joven debutante, Eskil Vogt, colaborador habitual en los guiones de Joachim Trier (y que también se embarcó con él en su próxima película, Louder than Bombs, que vimos en Cannes y está aún por estrenar) utiliza esa misma semántica nórdica, calada de existencialismo y poesía trágico-mágica. Premio a mejor guión se llevó en Sundance y un premio más que merecido en una historia que, sin embrollos, se hunde en una narración exuberante para mayor calado y comprensión emocional de lo que le ocurre a sus varios protagonistas. Un viaje sensorial mediante distintas pieles ciegas que, la que escribe estas líneas, quiere repetir.

UnREALUnReal: en un verano en el que las series nos dan un disgusto tras otro (¿en serio hay gente que, después del primer episodio, no le ha retirado el saludo a True Detective 2?) este cínico y moralista mitad culebrón mitad meta y más de lo mismo que nos asienta a una distancia de seguridad suficiente desde la que poder ver telerrealidad sin sentirnos demasiado morbosos y, sobre todo, con un interés constante que muy posiblemente no lograrían otros shows, por muy “reales” (aquí el arte imitando a una vida que imita a… la vida) que fuesen. Eso sí, ha habido un traspiés que sienta muy mal precedente en el capítulo 7. Hemos logrado mantener el interés en esta primera temporada, pero avisamos que tiene muchas papeletas de convertirse en una obra de un solo truco que acabe por cansarnos. Sabremos más cuando anuncien la segunda.

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El Tiempo de lo Visual: sin saber cuál de las dos es el pretexto, Keith Moxey enfrenta el proceso de construcción del conocimiento relevante contra la rama de la Historia del Arte. El que cuentan que es uno de los teóricos de los Estudios Visuales más destacados en la actualidad define, analiza y reparte estopa sobre el panorama actual (culpando al trabajo realizado por sus compañeros de profesión, principalmente) de su rama de conocimiento en este volumen traducido y editado por Sans Soleil que engancha desde su primer capítulo. El prólogo del libro se pregunta: “¿Puede nuestra disciplina aceptar que las apropiaciones no occidentales de estilos occidentales no son un mero atraso?, ¿aceptaría que las historias subalternas no son repeticiones de las dominantes y que el ‘centro’ no es simplemente imitado cuando aparece en los ‘márgenes’?”, preguntas que, como iremos viendo, son sólo la punta del iceberg sobre qué podemos hacer nosotros para repensar el discurrir de nuestra mirada.

Ante la Imagen: Pregunta Formulada a los Fines de una Historia del Arte: porque ya que nos hemos puesto con Moxey… parece que uno de los autores con los que más conforme está el argentino es con Georges Didi-Huberman. Sin hacer de menos a los nuevos libros editados en España más recientes del filósofo, tal vez sea más conveniente empezar por la que está considerada su obra más importante, y escuchar así una teoría sobre los problemas de cimentación de aquel proyecto de especialidad académica, un diagnóstico a por qué es irrisorio, a un nivel práctico, el conocimiento que de ahí se ha generado y las respuestas, desfasadas o no, que ofreció Didi-Huberman a los desafíos que nos propone la posible reconstrucción de los Estudios Visuales.

el adversarioEl Adversario: es el momento. A veces hay que salir de la mentira que ha sido toda tu vida y para ello cada cual tiene su propio método. Los más, asumen la responsabilidad de sus actos mientras se marchan con un deje de justificación, otros saltan por la ventana incapaces de cerrar jamás ningún conflicto y los de más allá prefieren, simplemente, cargarse a todo el que tengan por delante, aunque sean estos los que se supone que son tus seres queridos. De hecho, tal vez con más razón por serlo. Esto es lo que le aconteció al pobre y real Jean Claude Romand, una vida que casi por un momento convirtió en ficción Emmanuel Carrere en el que dicen que es uno de los mejores best sellers de la historia. Un ejercicio de estudio de la personalidad de un mitómano y psicópata así como salido de las páginas de El Caso que, sencillamente, apetece.

Unflattening: ¿Qué es lo que pasa cuando un estudiante de Teoría del Cómic hace su tesis en formato cómic? Sería lo normal, ¿no? Obviamente no. La academia lleva demasiado tiempo estancada en el pensamiento escrito a pesar de que hay ciertos temas que se expresan (y discurren) mejor en otros medios, en concreto, en el del arte secuencial, el pensamiento visual. A formar parte del mismo estante en el que colocas Logicomix de Apostolos Doxiadis y Christos Papadimitriou y El discurso del Cómic de Luis Gasca y Román Gubern, Unflattening, de Nick Sousanisparece otro de esos productos interdisciplinares con los que sentiremos que volvemos a estudiar la lección, aunque sin sentirnos tan retrasados como si estuviésemos entrenando el cerebro con el Brain Training de turno. ¿Quieres más alicientes? Tienes 50 páginas que puedes ver ya mismo aquí.

Very_Casual_Border

Very Casual: El sueño húmedo de muchos fans de Hora de Aventuras: uno de los responsables en crear historias de esta franquicia para el mundo del cómic se libera de las limitaciones que implican ir enfocado a un público infantil (infantil actual, deberíamos añadir) y le da rienda suelta a esas pesadillas que salen de los probables tumores que pueblan su cabeza. Ciervos canadienses que han salido del crematorio y tienen servilletas de papel que les salen del cuello cual penes (y con los que pelean los machos entre sí), mujeres gelatinosas que lamen sus cuerpos, jugadores de baloncesto que  imagina nuevas estrategias basado en el guionista deportivo “Spank Fantoro” (en verdad Frank Santoro) y cómo esto cambia todo el terreno de juego… Michael Deforge es otro de tantos autores underground preocupado por temas como la enfermedad, el contagio y la desazón, y recopila en Very Casual lo mejor de lo mejor de su prolífica obra de historias cortas. Psicodelia a lo MTV a partir del primer pasado de página.

Por cierto: ¿has leído White Cube de Brecht Vandenbroucke?

Ah, y no te olvides que sale Armikrog dentro de nada.

Osu!: Diez años del lanzamiento del Osu! Tatakae! Ouendan parece un momento perfecto para ponerme con uno de los juegos de ritmo más importantes de la historia y al que no había jugado hasta ahora. Seguro que conoces los casos, gente a la que, llegado un momento de la adultez, le da por entregarse al potingueo, por retomar las cartas Magic, coleccionar figuritas o bien ver todas las películas de Disney de la segunda edad de oro durante un par de semanas todos los años. A mí me ha dado por jugar al Osu! Hay que intentar no hacerle daño a nadie.

health_death_magic_artwork_732_732Death Magic: ha salido ya por fin lo nuevo de Health. Ponzoña feliz y vibrante, tal vez algo más mansa que en su anterior y redondo disco, pero que son cuarto y mitad de dark synth pop para esas noches revoltosas que necesitábamos. Les esperábamos desde 2009 y aquí están, con su ruido blanco, con su vómito cristalino, con sus vocales agudas y sus invitaciones a retomar el noise vital y la estética industrial como vía para canalizar esas pequeñas dosis purificadoras con la que le hacemos frente al siglo XXI. Stonefist es el himno, Courthip II la pequeña joya mid-tempo y el EDM el gran virus que parece haberse inmiscuido en su sonido, al que sus puntas afiladas (ayer Crystal Castles, hoy Marilyn Manson) parece que se le han erosionado un poco. Dicen los de Los Ángeles que el amor no es bastante. Muy cierto, pero habrá que conformarse.

Y ahora, un poco de música:

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Her Story: pertenecer (o no) a la Historia http://flamencastone.com/her-story-pertenecer-o-no-a-la-historia/ http://flamencastone.com/her-story-pertenecer-o-no-a-la-historia/#comments Wed, 29 Jul 2015 22:20:32 +0000 http://flamencastone.com/?p=1952 Yo no lo viví, pero si nos fiamos de lo que dicen los que sí estuvieron, los juegos tipo FMV de inicios de los 90 fueron un horror. Fruto de un momento en el que descubrieron que de manera precaria podían incluir clips de video a los juegos, el medio recibió un buen puñado de títulos que, según se cuenta, eran videos que parecían más bien telefilmes baratos y que no encajaban del todo con la vertiente ludóloga de lo que querían transmitir. Veinte años más tarde llega Her Story, un buen juego basado en unos eventos que ocurrieron en 1994 y que en el Tiempo (sic) que dura su Historia logra conquistar sus objetivos, que son varios y todos muy interesantes. ¿Cómo ha sucedido esto?

1- Le damos mucha importancia a la Historia porque somos narrativos. Hacemos sin querer secuencias ordenadas de los sucesos porque esta es nuestra manera de construir un sentido y a viene de b igual que la Segunda Guerra Mundial derivó en la Guerra Fría pese a que sabemos que los hechos del pasado no deben ser confundidos con su interpretación en el presente. Si todos los hechos estuvieran expuestos en un gigantesco lienzo, unos los leeríamos de izquierda a derecha, otros de derecha a izquierda y los de más allá de arriba abajo. Y la Historia mutaría, aunque siempre dependiendo de la trayectoria de pensamiento lógico que nosotros, con nuestra limitada inteligencia, producto de la herencia y la costumbre, tracemos.

2- Un juego puede ser muchas cosas pero su principal elemento es ser el producto de un intercambio entre una serie de reglas y el sujeto que interactúa con ello. La consecuencia directa de esto es que hay tantas obras finales como partidas a las que juegue un jugador. La indirecta, que si la interpretación de una obra siempre depende de un intercambio entre la obra y sus “espectadores”,  esas producciones de sentido que derivan del juego tenderán al infinito y se quedarán en que son mucho más múltiples que si hablamos del resto de medios.

Evidentemente somos carne de nicho de videojuegos cortos de esos de los que una de las críticas más habituales que le van a encontrar es “esto no es un juego, es una película en la que haces clic”, pero es que después de haber jugado con él aproximadamente hora y media se descubre Her Story como un producto que se ensalza con virtudes propias. Her Story es diferente, una cosa muy sencilla, al alcance de la inteligencia de cualquiera (sin pretender hacer de menos a sus creadores) pero que seguía sin aparecer ahí. Un juego que podría inventar su propio subgénero y que nos hace darnos cuenta de la limitación de nuestra forma de ver el “mando” en el medio. Mientras en la mayoría de estos se utilizan unos 18 botones (y sus combinaciones) que pulsar de manera física para completar cualquier operación, es en Her Story* cosa de mapear mentalmente una gymkana cuyos límites son los de tu imaginación y percepción, de lo mucho que brilles en tus capacidades deductivas (¿cuántos datos, cuántas conversaciones eres capaz de manejar a la vez?) si lo que pretendes es resolver este rompecabezas o de la originalidad de tus devaneos (¿Y si todo depende de cuándo diga la palabra desván? ¿Y si es alérgica a las tartas?) para confeccionar una aventura asilvestrada, personal. No se trata sólo de contestar a la pregunta “¿Cómo de bueno eres haciendo búsquedas en Google?” sino “¿Cómo interactúas con este medio cuando te dejas llevar por la dinámica de búsqueda?”.

Y esto nos lleva sin querer al gran tema. Sin hacer de menos a lo rico de su propuesta mecánica (una libertad en bruto mayor, desde nuestro punto de vista, que lo que tantos sandbox en teoría provocan), la gran idea de Her Story es su concepción de guión. Porque lo hay, y si quieres desembrollar esta especie de Memento de una forma lineal en cuanto a la construcción que sus creadores hicieron (¿cómo no se ha convertido aún en Youtube, Tumblr o lo que sea una práctica habitual despiezar y recolocar películas para ver qué efecto nos producen?) no tienes más que ir a la carpeta de instalación, buscar los clips y verlos siguiendo su numeración. Guión, con sus más y sus menos, hay en todos los juegos, y hay algunas pequeñas concesiones a lo normativo con esos momentos en los que el juego te hace entender que has visto clips con información básica para comprender la premisa de lo que, en teoría, ha sucedido.

Pero más allá de estos altos en el camino, Her Story concibe para ti la guía/tiempo, el a y el b, como una dimensión potencialmente elástica, anómala, como con varias capas de producción y de significado. Y aquí viene la parte triste: mientras resuenan esos ecos a la idea de Historia como cuento (y en cuanto a cuento como algo muy unido a la feminidad y a la mentira) desembrollas tus propias teorías intentando dar respuestas a las 5W. De repente, es importante saber quién estuvo con qué personaje en qué momento de su vida, si “ella” estaba embarazada o no, y tu sesgo cognitivo (posiblemente aliado con tu idea de economía narrativa) va dejando escapar del tapete de esta historia los hilos que esta chica te va ofreciendo sobre Rapunzel, Alicia en el País de las Maravillas y los espejos mágicos. Estamos a mitad (¿existe la mitad en Her Story?) de partida, enganchados a la recompensa inmediata de ir desvelando otro nuevo clip de esos que escupe la base de datos y de pronto nos percatamos de que la Historia, con la mella que ha hecho en nosotros el peso de la cultura que nos rodea, también nos ha alcanzado a nosotros, que sólo son un número limitado de ideas las que podemos deducir de lo que en estos videos está ocurriendo.

Nos dan un juego que quiere explorar la heurística de lo narrativo, pero por mucho que intentemos luchar todo habrá terminado para nosotros cuando hayamos alcanzado una respuesta satisfactoria del whodunnit. Yo no lo viví, pero si nos fiamos de lo que dicen los que sí estuvieron, esto no es precisamente un juego tipo FMV.

*Es en este tema de donde le vienen muchas de sus críticas, y desde aquí no nos parece necesario tener que defender por qué un videojuego que se apoye más que en sus comandos en su vertiente audiovisual (¡hola, cinemáticas!), que no permita rejugabilidad o bien no encaje en la jugabilidad al uso, sigue mereciendo esa catalogación.

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E3 2015: juegos a los que jugaremos http://flamencastone.com/e3-2015-juegos-a-los-que-jugaremos/ http://flamencastone.com/e3-2015-juegos-a-los-que-jugaremos/#comments Thu, 18 Jun 2015 22:04:52 +0000 http://flamencastone.com/?p=1901 El año videojueguil se anticipa bueno y adorable. Como siempre, las grandes casas del entretenimiento prefieren no arriesgar y continuar con muchas de esas sagas que a día de hoy restan más que suman, el shooter sigue siendo el género que copa ingresos y no hay visos de que la experiencia en modo multijugador deje de encandilar sobremanera a desarrolladores y jugadores. Una vez más, las consolas siguen siendo el lastre al desarrollo (mucho más notable en años de hardware en barbecho como este) de todas las posibilidades que te ofrece el PC, así como al disfrute de un público total y no exclusivista. Todas estas son las leyes del status quo. Pero tranquilidad, que ha habido suficientes noticias, juegos e incluso sorpresas (yep) para todos los gustos. En esta casa tenemos nuestras preferencias y para ellas se han lanzado muchos títulos nuevos así como noticias de la evolución de otras que ya conocíamos y que aún no han visto la luz. Seleccionamos los juegos de los que hemos oído hablar por fin desde Los Ángeles en los últimos días, y algunos de los que, aunque existían desde antes, hemos tenido nosotros nuestras primeras noticias en estas fechas. Ahí van, los juegos a los que jugaremos.

Fallout 4

Vale, tuvimos que pensarlo todos cuando lo vimos, ese perro no es nada next-gen. Además, el tono que le han inferido desde el tráiler y desde el gameplay que hemos podido ver estos días indican que Fallout 4 es un 3.5 donde todo sigue parecido. Pero qué le vamos a hacer si el sistema de juego del Fallout 3 era tan potente, su universo tan logrado. Y que nos tira demasiado toda obra que explote desde el sarcasmo y dentro de las reglas del tono Felicidad 50’s de aquel trumanismo. La sonrisa de Coca-Cola. Más edición, más mundo abierto, más niveles, más vericuetos narrativos, más edición de armas y más de todo menos muertes de caninos no mutantes, que en su caso se reducen a cero. Los de Bethesda van a poner a la venta un Pip-Boy, por el amor de dios. Pero hay un riesgo: por lo que hemos visto parece que va a cobrar más importancia el shooterismo, y esto podría no terminar compensado con la parte RPG del juego. Lo vamos viendo, que hasta esa fecha indefinida de 2016 tenemos tiempo.

Horizon Zero Dawn

Es una guerrera folclórica apuñalando a robots dinosaurios a los que mata y luego pide disculpas. Es una arquera cargándose a un megatecnoreptil de comportamiento jurásico que le saca 10 cuerpos. No inventa la rueda, pero el estilo visual y la elección temática se siente lo suficientemente fresca como para conquistar los triple A de mundo abierto. Y parece que está bien hecho, bonito, con 1080p y 60fps y esas cosas. John Gonzalez, el diseñador creativo de Fallout: New Vegas, ha trabajado para Horizon con Guerrilla, los desarrolladores al frente del proyecto; y también ha participado uno de los diseñadores narrativos de CD Projekt Red, los de The Witcher 3, para confeccionar el guión. Como pega, nos dicen desde el E3 que a pesar de que la idea del juego intenta trasmitir al jugador una sensación de libertad a la hora de explorar su mundo, seguirá coartado por la tradicional gran narrativa de este tipo de juegos. Es muy pronto para decir nada, pero ya se nos ha filtrado ese runrún de estar ante un trasfondo tribal y ecofeminista, con lo que haters gonna hate. Sólo para PS4 de momento, pero los de Guerrilla tienen nuestra atención.

Back to Bed

Back to Bed es uno de esos proyectos que puede salir relativamente bien o estrepitosamente mal, pero sin términos medios, una de esas dos. Monument Valley se cruza con Sleepwalker, Escher con Dalí y René Magritte. Sale para PC, PS4, PS3 Y Vita pero también para móviles, y rellena el hueco de juego decente para esta denostada plataforma a la que sin duda no le harían mal algunos juegos con más cuidado en el apartado visual y de jugabilidad. Los publisher de LOOT Interactive al menos han tomado nota, no sólo con uno sino con los tres juegos que han presentado durante este E3. Velocibox es una carrera infinita de obstáculos del estilo runner, sumamente diabólico, y Whispering Willows una aventura 2D con protagonista femenina y temática de horror. Ninguno tiene mala pinta, pero nuestro favorito de la remesa es este que dejamos aquí.

South Park: The Fractured but Whole

Los juegos de rol divertidos se hacen de querer. Y más uno de South Park. Y más después de que en su versión anterior ya nos diese el tiento de muestra de que los de Ubisoft han sabido darle manga ancha a Trey Parker y Matt Stone, creadores del universo de la infección satírica casi tan negra como lo mejor de Internet, para explotar todo su potencial (ahora el dúo en solitario bajo el sello South Park Digital Studios, cuando de la versión anterior de The Stick of Truth también desarrollaban Obsidian Entertainment). Puede que sea más de lo mismo, pero lo mismo ya era de por sí algo muy bueno. ¿Volverá la reflexividad jocosa de los medios? ¿De ampliación en vez de simple celebración de su propia mitología? ¿Contra quién cargarán ahora que no se visten de fantasía épica sino de superhéroes? ¿Volverán los nazis y Al Gore?

Dreams

‘Un editor de sueños’ son cuatro palabras para un high concept de manual, y el hecho de que esto salga para PS4, es decir que tendrá que usarse con el DualShock en vez de con el ratón y el teclado, ya es de por sí una mala señal. Pero Media Molecule, el studio de LittleBigPlanet y Tearaway, ha mostrado unas bellísimas esculturas en movimiento que son sólo una idea de las muchas que podrán desarrollarse y crecer en este raro mundo mod. Con las imágenes vistas, no nos hemos podido quitar de la cabeza a Bill Plympton, a Winsor McCay y al surrealismo en general, pero por el momento las posibilidades estilísticas son infinitas, y veremos más concreciones en el futuro. Pero si el editor termina siendo tan “simple, ágil y ambicioso” como prometen y hay ahí afuera gente que con esta herramienta se anime a mostrar sus personales mundos oníricos, estamos ante algo que nos puede dar mucha satisfacción. Lo del Garry’s Mod o el GTA V, pero más bonito y mejor.

Unravel

Ha sido la presentación de juego con el presentador más nervioso de todas las grandes conferencias, y eso que ha habido grandes rivales a optar este puesto. Los suecos Coldwood Interactive, que aunque llevaban años trabajando en juegos de deportes de invierno se han puesto en el mapa ahora con Unravel, presentaron en la conferencia de Electronic Arts esta IP, un plataformas basado en físicas que tenía un protagonista, Yarny, que le da mil vueltas en carisma a nada que nos saque Halo o Assassin’s Creed. Contra un muñeco de lana roja no se puede ganar. El Ori de este año (que esperamos sea un poco menos mediocre que este) explora la hermosura de los paisajes del norte de Escandinavia, el tema del rastro de migas de pan de Hansel y Gretel y la idea de interactuar con un entorno en base a trozos de tu propio cuerpo. Simbólico y con potencial. No hay fecha de lanzamiento, pero no nos vamos a olvidar.

Night in the Woods

Seguro que conoces But I’m a Nice Guy (si no conoces pincha aquí), pero igual no a su creador, Scott Benson. Él es responsable de este juego junto a Alec Holowka, el mismo de I’m O.K – A Murder Simulator, Aquaria, Paper Moon y la música de Towerfall Ascension. Según nos cuentan en Night in the Woods seguiremos los pasos de una gata estudiante que deja la universidad y se encuentra un nuevo escalón más bajo en su vida al comprobar que sus amigos ya no son los de antes, y se sumerge en una etapa de la agresividad propia de la falta de objetivos vitales. “The world is changing, things are ending, and the future is uncertain”. Ya sabes, tema y tono como los de las historias de Daniel Clowes, Bryan Lee O’Malley, Simon Hanselmann… esas cosas que nos gustan y con las que nos identificamos. Parece que llevan ya unos cuantos años con el proyecto, pero el tráiler indica que toda espera hasta que esté perfectamente terminado este plataformas de exploración emocional va a merecer la pena.

Plug and Play

Vale, esto es un poco de trampa. A Plug and Play ya hemos jugado, que aunque se ha presentado este año en la feria está ya disponible online. Pero es un pequeño descubrimiento. Como sus mismos creadores de Etter Studio (la mejor gente) han expresado, es este un corto y videojuego, o videojuego corto, y como dicen las críticas apabullantemente positivas en Steam es más normal encontrarte este tipo de artefactos en un museo que en tu ordenador. Te lo pasas en 10 minutos, y con cuatro elementos dicotómicos, todos ellos relacionados entre sí, se dialoga sobre las relaciones emocionales y sexuales así como un complicado proceso donde vas creando tu propio flow cabalgando entre el yin y el yan. Tiene al menos dos momentos en los que me he reído en alto, y un final tan burdo que tienes que ponerte de su parte.

Tribal and Error

La demo de esto también está disponible ya, es gratis y si eres una persona a la que le gusten esos pequeños conceptos revolucionarios de las mecánicas de los indies, deberías jugarlo. Aquí hablamos de la “language learning mechanic “que se ve en el siguiente tráiler: tú eres una grabadora inteligente que ha viajado desde el futuro para ayudar a los trogloditas a evolucionar y sobrevivir al ambiente hostil, pero para ello tendrás que ir descubriendo su lenguaje sin tener ninguna opción de traducción. Los rusos, los franceses y los brasileños van a jugar igual que tú, y te vas a sentir como un explorador pionero que pisa tierra poblada y desconocida (sin genocidios y esas cosas), opción que no verás en tu vida a no ser que entres en contacto con extraterrestres. El diseño y el humor está claro que los novatos de Grotman lo tienen, y si han logrado que los puzzles se hagan gradualmente más difíciles e interesantes, puede ser un éxito.

Doom

La saga clásica se actualiza consiguiendo esa cosa tan difícil que parece ser adaptarse a los nuevos tiempos a la vez que mantiene lo que lo hacía especial en su espíritu original. Palabrería: viendo ese tráiler se comprende que esta versión de Bethesda nos gana mezclando tanto variedad de ejecución demoníaca como humor físico. Vale, puede que ese menú sea bastante antiestético y que, pese a su celeridad, no sea todo lo rápido que podría llegar a ser este FPS, pero aún así abrazamos sus armas chetadas, su slapstick cárnico y ese modo horda (que ya han confirmado tendrá, así como cooperativos y competitivos PvE). Marcamos nuestra cita con este Doom de Bethesda en el futuro porque, pese a lo que opinen algunas analistas de género, a todo el mundo le apetece de vez en cuando volverse loco con tanto rojo y pasarle la motosierra por el hombro y la cara y la entrepierna si se puede a los masillas habitantes del infierno.

Otros títulos que vigilaremos:








E3 Top cortos de animación:



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Atlántida Film Fest 2015: Tercera parte http://flamencastone.com/atlantida-film-fest-2015-tercera-parte/ http://flamencastone.com/atlantida-film-fest-2015-tercera-parte/#respond Fri, 12 Jun 2015 12:37:13 +0000 http://flamencastone.com/?p=1935 The Fool

No parecen casuales las coincidencias entre la obra Iván el Imbécil (Ivan Durak) de León Tolstói y esta The Fool (Durak) de Yury Bykov. La figura heroica, masoquista y naife con Dima Nikitin como estandarte espiritual de causas perdidas, con la relación materno-filial turbia y esclarecedora, e incluso con esa forma de encontrar mil formas de ser castigado y humillado en ambos cuentos rusos. A fin de cuentas y a un nivel más profundo, la estupidez de la que hacen gala sus protagonistas permiten a estos seres dar rienda suelta a sus fantasías de autodestrucción y de aniquilación maternal, como lo es también esa mat-patria encarnada para The Fool en la alcaldesa de esta ciudad sin nombre Nina Galaganova, que viste opulentas rojas rojas y que todo lo hizo para llegar al poder y chupar de la teta del estado. Pero más allá de estas coincidencias, no es del todo la nueva obra de Bykov una relectura del clásico de Tolstoi, ni siquiera del “durak”, esta figura folclórica tan querida en su cultura. Es  más bien una nueva muestra del culto al sufrimiento, tema especialmente importante en la literatura rusa (especialmente del XIX, período que se vio dominado por grandes obras sobre cómo es esa descensión al mal de los buenos muchachos y que resumiríamos al tropo “así se echa a perder un corazón”) y que se mantiene tan vigente o más en esta nación ahora subyugada por el capitalismo voraz como lo estuvo en su momento bajo otros sistemas políticos.

Sí, la cuestión política lo impregna todo en una película a la que podríamos colocar junto al cine de Costa-Gavras o Francesco Rosi y que, con el sencillo truco de crear un peligro catastrófico inminente, logra una sensación de urgencia pasmosa. Así, mientras el reloj de la bomba mueve sus manecillas, Bykov preña de intensidad las secuencias dialogadas, su núcleo fuerte, de manera que el espectador se mantendrá  intrigado, como si de un thriller se tratara, cuando lo que se nos presenta es una fábula fatalista, una disertación moral y lastimera (esa violencia, esa exhibición de las drogas) que en forma de pequeño teatro desvela la corrupción sistémica que recorre todos el sistema nervioso de la sociedad, empezando por los acaudalados miembros de la administración local y terminando en los misericordiosos que pueblan las viviendas carcomidas. Todos ellos son víctimas, y también irredentos victimistas. Le falta a Bykov una mayor pericia direccional, y ciertos momentos del argumento se sienten como arreglos circunstanciales de guión, pero nadie puede negar la riqueza de su texto.

Aim High in Creation

Conoces el caso. La típica cinta en la que sus creadores y su visión de lo que están retratando palidecen con fuerza ante lo potente que es su objeto de estudio. Es esto lo que ocurre con el nuevo documental de Anna Broinowski, la australiana que, como excusa para hacer una mejor película con su muy desquiciante equipo de actores, le pide asesoramiento para edificar una propaganda eficaz a los que la directora entiende son los reyes de esta vertiente creadora: los norcoreanos. En Aim High in Creation se nos abre brevemente una ventana desde la que podemos intuir un país rico en una cultura muy diferente a la nuestra, con su relevancia vía el hecho diferencial (¿cómo afecta a la población la ausencia casi total de publicidad en televisiones y calles?), con una llamativa cadena de producción fílmica con medios precarios (y con unos americanos invariablemente villanos) así como conocer sucintamente a un cineasta que sí parece haber sido capaz de sobreponer su talento y creatividad a las limitaciones impuestas por la censura estatal. Pero mientras tanto tenemos que soportar la carga de unos protagonistas que, aunque no se den cuenta, se están mostrando como unos paternalistas buenistas que con lo que parece un desconocimiento de la realidad allí subestiman la inteligencia de esos otros, pese a que parecen mil veces más sagaces que los autralianos. No sé si lo pensarían los norcoreanos que aparecen en la cinta, pero yo no podía quitarme de la cabeza la palabra “payasos”.

En cualquier caso poco interés se extrae del tema en el que pretende centrarse la cinta: un equilibrio entre la preocupación por el medio ambiente y el cine mientras en otro plano los realizadores confeccionan su metanarración sobre las relaciones internacionales que establecieron con los coreanos. No sabemos si por el exceso de sutileza o más bien por la indefinición, no queda clara la postura sobre el talento de los orientales en el terreno de la propaganda, dando la sensación en algunos casos de que se están riendo de ellos y en otros que imitan su estilo poniendo las gafas de la observación exotizante. Lo que sí es seguro es que si vas a ver este documental buscando una denuncia contra el mundo del fracking es mejor que te pongas Gasland.

Traffic Department

Hay quien ha visto en Traffic Department un retrato en clave de siete protagonistas y con una visión audaz de la corrupta sociedad polaca actual, en la que cada uno de estos siete agentes de la ley representa una faceta de la corrupción y los vicios que se pueden manifestar dentro de nosotros. Otros han querido fijarse en el tono dogmático y extranjero (véase americano) con el que Wojciech Smarzowski ha contado una historia que se pretendía local y global al tiempo, no logrando ninguna de las dos cosas. Dejando de lado la cuestión de si las historias subalternas son realmente repeticiones de las dominantes (de si el centro es imitado o reconfigurado cuando aparece en los “márgenes”), en esta casa tenemos sentimientos muy fuertes sobre lo que representa en la sociedad contemporánea el departamento de tráfico, y que el foco de atención de su director haya sido éste, siendo como es Polonia uno de los países más corruptos del mundo así como un lugar con una altísima mortandad en carretera (y siendo la confluencia de ambas cosas un caldo de cultivo para que éste área gubernamental se convierta en el hogar de lo mejor de cada casa) nos parece algo que hay que defender. Más viendo los resultados.

Porque aunque se circunscribe en la tradición del thriller de falso culpable con extra de cinismo, es esta película de Smarzowski (la primera de su filmografía a la que nos enfrentamos) frenética y divertida. La dirección es hiperenergizada, mezclando clips en vídeo de móviles con tomas que se fingen naturales y otras desaturadas, pero si esto no te llama la atención te queda su construcción y presentación de los personajes, con su dosis de dulcificación del racismo y machismo, con su presentación de la prostitución y las drogas como atracciones principales del parque de recreo de estos hombres-dobermann y sus muchas interacciones con el mundo de las multas de tráfico y accidentes en carretera, que le guiñan con sorna a las naciones civilizadas y racionales. Lo mejor, además del gag visual del último tercio de la película, es su protagonista, un superhombre violento, calvo, en definitiva macho oficial Krol que ha hecho del departamento su fuente de poder y que por eso, cuando entramos en el run & hide de la película vemos claramente su superioridad mientras trata cada rincón de Warsaw como el perfecto escenario para ejercitar su parkour multidisciplinar (acrobacia física, legislativa, de sobornos, de tortura…). Sin ser un producto sobresaliente sí se erige como buen artefacto de entretenimiento.

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Atlántida Film Fest 2015: Segunda parte http://flamencastone.com/atlantida-film-fest-2015-segunda-parte/ http://flamencastone.com/atlantida-film-fest-2015-segunda-parte/#respond Wed, 10 Jun 2015 16:05:51 +0000 http://flamencastone.com/?p=1919 Buzzard

Beavis and Butthead entran en The Office para recordarnos que las cosas no han cambiado tanto desde Office Space y que todavía hay hueco para estos filmes introspectivos y sumamente cómicos. Este carroñero antisistema y provagancia lucha constantemente contra un stablishment que le quiere hacer trabajar y madurar, cosas que para él casi se sienten como una opresión sistémica que pretende anular su querida, psicópata personalidad. Mientras revende el material de oficina que previamente ha encargado y que a la empresa no le hace falta, mientras se vale de los cheques no cobrados por clientes pasotas o de la hospitalidad de un colega incauto, su protagonista se crece y vive pleno, pletórico en su exitosa supervivencia hardcore. Una pelea territorial como nerds parasitarios alfa de la zona entre Jay y Bob el Silencioso y el protagonista de Buzzard sería un chiste muy digno de verse. Pero en esta descensión hacia la mendicidad y el mayor grado de miseria material, Marty (en efecto) más se hincha como luchador, más tretas tiene que idear, más difícil se va poniendo hackear al sistema y más claro nos queda que no es tanto el mundo como el mismo tipo quien es repugnante, aunque nos sintamos totalmente identificados y representados en sus actos. Su director no le juzga, porque estas criaturas existen más allá de nuestra moral y porque, en verdad, no son el enemigo a abatir sino sólo unos encantadores outsiders a los que ha querido rendirles, como en Napoleon Dynamite o Super, otra más de esas cintas de aventuras hechas especialmente para ellos. Yo conozco a alguno, seguramente tú también.

Es el primer filme que vemos de Joel Potrykus y del que ahora, en un dúo junto a Joshua Burge, sabemos que hay detrás una trilogía de los animales donde trata estas mismas cuestiones. Buzzard tiene momentos sumamente interesantes, como un segundo acto asfixiante que se convierte en la basement movie decorada como Party Zone disfuncional, y aunque pueda resultar intrascendente, es este un cine indie americano clásico y cínico, un poco como tomarse una lata de Mountain Dew. Asombra en todo momento, nos hace reír y soñar, y a veces con esto nos basta. Lo cual también significa que no consigue despertar en nosotros el suficiente interés como para profundizar en otras obras de su director.

Dos Disparos

Hay comentarios que le hacen muy mal a la promoción de una película, y entre ellos hay que poner el haber vendido que Dos disparos era una comedia. No necesariamente porque no haya risas manifiestas durante su visionado, que a fin de cuentas en esta casa somos muy de Roy Andersson o Hitoshi Matsumoto, no por la que parece su nula voluntad de estilo, casi ni siquiera por esa espantosa voz en off que no parece apoyarse en nada más que una pobreza narrativa. No, es porque nos da la sensación de que este sexto largometraje de Martín Rejtman (de quien hay que decirlo, no hemos visto ningún trabajo anterior), Dos disparos, se gusta demasiado a sí mismo como para intentar resolver sus defectos antes de entregar lo que parece un trabajo a medias.

Y eso que tenía potencia, tan prometedor que nos parecía esa manera de cambiar el foco de lo que estamos viendo de manera orgánica como de crecerse en la ausencia de un punto de vista narrativo. Pero la película prefiere vagar amparándose en unos gags poco favorecedores (originales, sí, pero que no llenan) y apoyando la parte del carisma de la cinta en el interés que susciten en sus espectadores unos personajes que, curiosamente, son como diseñados para evitar la conexión con el espectador, a quien no le sobrevienen las sensaciones de malestar vital que se supone expresan sus personajes, sino de puro hastío. No es sólo su tono medidamente burocrático, no es la falta de una cohesión interna en este mundo más imaginario (y de denuncia) que real, es un desarrollo que no eclosiona en ningún mensaje detrás de la contemplación de una cotidianidad latosa que vaga monótona, sin interés. Es difícil extraer algo tan aburrido usando como punto de partida a un adolescente que se pega dos tiros en cabeza y pecho para después sobrevivir. Life happens. No puede darme más igual todo lo que pasa en esta película.

Goodnight Mommy

Es sencillo saber si vas a entrar o no al juego que propone Goodnight Mommy: si eres de esas personas que saben predecir los finales, sobre todo si son estos de películas de terror de arte y ensayo de presupuesto medio, entonces Goodnight Mommy será un visionado incómodo que se estira y se desvía para hacer ganar tiempo ante lo que nos quiere contar. Sin embargo, si eres de esos a los que el cliffhanger de última hora suele pillar por sorpresa, entonces será un título de suspense que sabe sembrar y apostar sus triunfos a varias jugadas, todas ellas con las mismas posibilidades de dar premio, y que hace que te sientas obligado a prestarle atención a los diversos detalles que este sólo en apariencia complejo guión está marcando. Con Goodnight Mommy, como en este tipo de películas en general, yo me he encontrado en este segundo grupo.

Esta película está dirigida por los jóvenes cineastas austríacos Severin Fiala y Veronika Franz, siendo en el segundo caso la esposa y la colaboradora habitual de los guiones del esperpéntico (cine de) Ulrich Seidl, que aquí produce, y de alguna forma se nota. Y queda claro que habían pensado, por encima de crear una sólida película con carisma, en ofrecernos un mindfuck film que, para la que aquí escribe, tenía las mismas recompensas que el típico primer visionado de un filme al estilo Hitchcock (con todas las distancias, por supuesto), a pesar de que su ejecución, con todos esos recursos de nicho (insectos, herramientas de acción, torture porn) no consiguen cuajar en esa pretendida combinación de cine de terror con cine psicótico europeo, especialmente ese de la crueldad austríaca y que desde Haneke y de forma creciente en estos últimos tiempos hemos visto. Hay otras virtudes, los guiños en forma de recesos cómicos al cine de Seidl y que tienen en esa aparición de agentes de la cruz roja un momento de breve gloria, pero sólo los conocedores podrán ser partícipes de la carcajada. Aun así su tema, ese de la paranoia familiar y emocional así como el de los agentes dobles, consigue que su thriller psicológico brille no por lo trepidante o ansioso, sino por lo reflexivo.

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